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Iglesia latina

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Iglesia latina
Ecclesia Latina

Emblema de la Santa Sede

Fundador(es) Simón Pedro y Pablo de Tarso[nota 1]
Fundación c. 42 (Iglesia primitiva)
Autocefalia/Autonomía Tradicional
Gobierno eclesiástico Santa Sede
Primado actual León XIV
Sede Roma
Rito romano (mayoritario) y otros ritos latinos
Lengua litúrgica latín y lenguas vernáculas
Música litúrgica canto gregoriano, milanés, hispánico, etc.
Calendario gregoriano
Otros nombres Iglesia de Occidente
Iglesia católica romana
Miembros Católicos romanos o latinos[3]
Sitio web de la Santa Sede

La Iglesia latina (en latín: Ecclesia Latina, en el Anuario Pontificio en italiano: Chiesa latina) o Iglesia de Occidente (en latín: Ecclesia Occidentalis) es la más grande de las veinticuatro Iglesias sui iuris que conforman la Iglesia católica.[nota 2] Está presidida por el papa, obispo de Roma, y se regula por el Código de Derecho Canónico. En su liturgia sigue los ritos latinos, de los cuales el más extendido es el rito romano.

La Iglesia latina se desarrolló en el Imperio romano de Occidente —donde dominaba el latín— y se distingue de las Iglesias católicas orientales,[5] que surgieron en otros contextos culturales y desarrollaron diferentes ritos litúrgicos y disciplina eclesiástica, así que no todos los católicos son latinos (o católicos romanos).[3] Históricamente, llegó a ser conocida como patriarcado de Occidente (también patriarcado latino o romano),[3] principalmente en Oriente, y este uno de los títulos del Papa sigue siendo el de Patriarca de Occidente.[7]

Distribución geográfica

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La Iglesia latina, que se desarrolló inicialmente en la Europa occidental y África del Norte, está presente en todas las partes del mundo habitado. Asimismo las Iglesias orientales (sean católicas, ortodoxas, ortodoxas orientales u otras) que tuvieron su origen en regiones más al este, sea adentro que fuera del Imperio romano, ahora tienen miembros en casi todos los países.

Historia

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Iglesia primitiva

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La Crucifixión de Pedro, de Caravaggio, lo representa con la cabeza hacia abajo, de acuerdo con la tradición

Tradicionalmente en la Iglesia católica se cree que los apóstoles Pedro y Pablo, junto con sus discípulos, fundaron una comunidad cristiana en Roma.[1][2] El año de la llegada de san Pedro a Roma es incierto, algunas tradiciones antiquísimas dicen que fue el año 42, y otros la fechan algo después. Pedro acabó sus días en Roma, donde murió martirizado en el año 67 bajo el mandato de Nerón en el Circo de la Colina Vaticana, sepultado a poca distancia del lugar de su martirio y que a principios del siglo IV el emperador Constantino I el Grande mandó construir la gran basílica.

Clemente Romano, en su carta a los corintios, data su muerte en la época de las persecuciones de Nerón. El evangelio de Juan sugiere, en su característico estilo alegórico, que Pedro fue crucificado.[8] Algunos retrasan la redacción de este Evangelio hasta el siglo II, por lo que consideran su testimonio de menor relevancia. Pedro de Alejandría, que fue obispo de esa ciudad y falleció en torno a 311, escribió un tratado llamado Penitencia, en el que dice: «Pedro, el primero de los apóstoles, habiendo sido apresado a menudo y arrojado a la prisión y tratado con ignominia, fue finalmente crucificado en Roma». Orígenes en su Comentario al libro del Génesis III, citado por Eusebio de Cesarea, dice que Pedro pidió ser crucificado cabeza abajo por no considerarse digno de morir del mismo modo que Jesús. Lo mismo relata Jerónimo de Estridón en su obra Vidas de hombres ilustres.

En el siglo III, san Cipriano, obispo de Cartago, habla de una jerarquía monárquica de siete grados, en la cual la posición suprema la ocupaba el obispo. En esta jerarquía el obispo de Roma ocupaba un lugar especial, en cuanto sucesor de san Pedro.

Además, el que el obispo de Roma llegara a tener una importancia particularmente grande, se debió, según algunos, por motivos políticos: Roma fue la capital del Imperio romano hasta que el emperador Constantino I el Grande hizo de Constantinopla la nueva capital, el 11 de mayo de 330.[cita requerida] Otros atribuyen esta importancia a que el obispo de Roma reclama ser el sucesor de san Pedro, a quien, según el Evangelio de Lucas 22:32, Jesús le dijo:

"pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.".
(San Lucas 22:32, Biblia de Jerusalén)

Más aún, hacia el año 95, Clemente de Roma (obispo de la Iglesia de Roma entre 89 y 97) escribió una carta a la comunidad cristiana de Corinto para resolver un problema interno, sugiriendo su primacía sobre las Iglesias particulares. En efecto, habían surgido levantamientos contra los presbíteros-epíscopos en Corinto y Clemente, como obispo de la Iglesia de Roma, los llamó al orden y a la obediencia a sus respectivos pastores, evocando el recuerdo de los apóstoles Pedro y Pablo. Esa carta es la primera obra de la literatura cristiana fuera del Nuevo Testamento de la que consta históricamente el nombre de su autor, la situación y la época en que se escribió, y cuyas palabras manifiestan una dureza propia del lenguaje de aquel que es consciente de su autoridad.

En el primer siglo del cristianismo la Iglesia latina se formaba por las provincias occidentales del Imperio romano, esto es, por la Europa de influencia latina (Italia, Galia, Hispania, etc.) más la región del África Proconsular (África del Norte con excepción de Egipto), perteneciente al área de influencia griega

El emperador Justiniano I (527–565), cuando instituyó el sistema eclesiástico imperial de la Pentarquía, trazó la frontera del Obispo de Roma al oriente de Macedonia y Grecia, pasando Creta y llegaba hasta África a la frontera occidental de Egipto. El territorio que el Emperador así asignaba al Patriarca de Occidente era mucho menos vasto de lo que se podría pensar, dado que el Imperio tenía relativamente poco en su poder. Sin embargo, Roma, que no aceptó la teoría de la Pentarquía y privilegió la idea de las tres sedes episcopales petrinas de Roma, Alejandría y Antioquía, era el punto de referencia para los cristianos de las nuevas naciones occidentales, debido no solo a la conversión de los pueblos germánicos asentados adentro de las anteriores fronteras del Imperio, sino también a una expansión misionera que abrazó Irlanda y Germania, que nunca pertenecían al Imperio. El emperador León III el Isaurio (717-741) anuló casi totalmente en su dominio el poder del obispo de Roma, transfiriendo el sur de Italia, Iliria y Grecia de la jurisdicción papal a la del patriarca de Constantinopla. Pero, poco después, el Imperio quedó totalmente excluido del oeste y la Iglesia latina entera ya no tenía relación de dependencia política del Imperio.

Época tardoantigua y medieval

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Papa León XIV, actual obispo de Roma y cabeza de la Iglesia latina y universal

Con la conquista árabe desapareció la Iglesia africana, muy importante desde el punto de vista demográfico y cultural, que contaba con numerosos obispos y algunos de los más importantes pensadores cristianos como Tertuliano o Agustín de Hipona, reduciéndose la Iglesia latina al territorio europeo. Lo mismo sucedió con la conquista árabe y turca en oriente, donde ya antes había surgido una división entre la Iglesia que apoyaba el Concilio de Calcedonia del año 451 (y que por eso se llama calcedoniana u ortodoxa) y la mayoría de los cristianos en Egipto y algunas otras partes, que lo rechazaban (las Iglesias ortodoxas orientales). Así quedaron fuertemente reducidos los patriarcados ortodoxos de Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Desde entonces, el Oriente cristiano ortodoxo se identificó prácticamente con la Iglesia griega o bizantina, es decir, el Patriarcado de Constantinopla y las iglesias nacidas como fruto de su acción misionera, que le reconocían una primacía de jurisdicción o al menos de honor. Siguió el Gran Cisma entre esta cristiandad y la Iglesia latina.

El Gran Cisma

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En el Gran Cisma de 1054, se dio la ruptura entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla. Se muestran a favor de Constantinopla los otros tres patriarcados orientales (los de Alejandría, Antioquia y Jerusalén), pero su ruptura definitiva con el obispo de Roma fue oficialmente poco tiempo después de la de Constantinopla por los hechos ocurridos en Las Cruzadas. Estos cuatro patriarcados sin la autoridad de Roma conformaron la hoy llamada Iglesia ortodoxa, que compartía el mismo pasado con la Iglesia católica hasta el cisma que aún sigue vigente. No se debe confundir la ruptura de los Patriarcados Ortodoxos con Roma, con el cisma producido en siglo V cuando las Iglesias no calcedónicas, por ejemplo el Patriarcado Copto de Alejandría, rompieron con Roma y los otros 4 patriarcados de la antigua Pentarquía.

No todas las Iglesias orientales se separaron del obispo de Roma: la Iglesia maronita, en particular, afirma nunca haber roto los lazos.[9][10] Aun hoy los católicos latinos en Oriente Medio son mucho menos numerosos de los católicos orientales,[9] y existe en occidente en plena comunión con Roma una Iglesia no latina, la italo-albanesa.[10]

Patriarcado de Occidente

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Cátedra de San Pedro.

El título de "Patriarca de Occidente" lo empleó en el año 642 el papa Teodoro I. Sin usar el título de "Patriarca de Occidente", el IV Concilio de Constantinopla (869-870), el IV Concilio de Letrán (1215) y el Concilio de Florencia (1439), incluyeron al Papa como el primero de los cinco Patriarcas de entonces. Solo volvió a aparecer en los siglos s. XVI e s. XVII, debido a que los títulos del Papa se multiplicaron.

Archibasílica de San Juan de Letrán, catedral de Roma, con la inscripción Omnium Urbis et Orbis Ecclesiarum Mater et Caput («Madre y cabeza de todas las Iglesias de la ciudad y del mundo»).

El título de Patriarca de Occidente se refiere históricamente a la relación particular del Obispo de Roma con la Iglesia latina, es decir, con la gran tradición occidental de la Iglesia Católica Romana. En este marco, el papa reúne varios planos de autoridad: es obispo de Roma, cabeza propia de la Iglesia latina y pontífice universal de toda la Iglesia católica.

Con la expansión misionera, especialmente desde el siglo XVI, la Iglesia latina se difundió fuera de Europa y se extendió por América, África, Asia y Oceanía. En ese contexto surgieron también títulos patriarcales latinos vinculados a la expansión ibérica, como el Patriarcado de las Indias Orientales y el Patriarcado de las Indias Occidentales, asociados respectivamente al ámbito portugués y español. Estos títulos no constituyeron Iglesias sui iuris propias ni patriarcados equiparables a los de las Iglesias orientales católicas, sino dignidades latinas de carácter histórico u honorífico.

El significado del término «Occidente» cambió notablemente con el tiempo. En la Antigüedad tardía y en la organización eclesiástica tradicional podía asociarse al ámbito occidental del mundo romano y, más tarde, a la Iglesia latina. Sin embargo, en el siglo XX el término adquirió un sentido cultural y geopolítico mucho más amplio, que podía incluir no solo Europa occidental, sino también Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda y, en ciertos usos, América Latina. Por ello, «Occidente» dejó de ser una categoría territorial precisa para definir un patriarcado en sentido canónico estricto. Si se emplea en lenguaje eclesiológico, el título «Patriarca de Occidente» se entiende de forma más adecuada como referencia a la especial relación del obispo de Roma con la Iglesia latina.

El título de «Patriarca de Occidente» fue usado históricamente para el papa y apareció por primera vez en el Anuario Pontificio en 1863. Fue omitido en la edición de 2006, durante el pontificado de Benedicto XVI, al considerarse un título históricamente ambiguo y prácticamente poco útil para definir un territorio patriarcal. En esa explicación se señaló que la Iglesia latina contaba ya con estructuras canónicas modernas, como las conferencias episcopales y sus organismos internacionales, para responder a sus necesidades pastorales y de gobierno. El título reapareció en el Anuario Pontificio de 2024 como título histórico del papa.

Conviene distinguir entre el Patriarca de Occidente en sentido fuerte —el papa considerado en su relación específica con la Iglesia latina— y los demás patriarcados latinos, como el Patriarcado Latino de Jerusalén, el Patriarcado de Venecia, el Patriarcado de Lisboa, el Patriarcado de las Indias Orientales y el Patriarcado de las Indias Occidentales. Estos últimos no constituyen Iglesias sui iuris propias ni confieren por sí mismos una potestad especial de gobierno, sino que funcionan principalmente como dignidades históricas u honoríficas unidas a sedes o tradiciones particulares.

Dentro de esta organización, el Patriarcado Latino de Jerusalén ocupa un lugar singular por su jurisdicción transfronteriza en Tierra Santa; el Patriarcado de Venecia remite a la herencia del antiguo Patriarcado de Grado; el Patriarcado de Lisboa responde a una concesión vinculada al prestigio histórico de Portugal; el Patriarcado de las Indias Orientales conserva la memoria del Padroado portugués en Asia; y el Patriarcado de las Indias Occidentales permanece como título vacante, sin jurisdicción territorial propia. En conjunto, estos títulos permiten entender la estructura, el sentido canónico y la función simbólica de los patriarcados latinos dentro del marco general de la Iglesia latina.

Liturgia

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Mientras en las Iglesias orientales cada uno de los ritos litúrgicos tiende a identificarse con una Iglesia ritual particular, marcadas por diferencias en el orden jerárquico y disciplinar, en la Iglesia latina ellos no constituyen Iglesias distintas.[11][12] y se usan o se usaban en distintas áreas geográficas o distintas familias religiosas que pertenecen todas a la única Iglesia latina.

En sentido litúrgico, no existe un solo «rito latino», sino una variedad de ritos litúrgicos latinos, pero es el rito romano el que practica la mayor cantidad de fieles en Occidente, y en el mundo en general, y algunas veces se emplean ambos términos como si fuesen sinónimos. Sin embargo, junto con el romano, coexisten en la Iglesia latina el rito ambrosiano (en Milán) y el rito mozárabe. (en España, particularmente Toledo). Además, el rito romano, posee una serie de usos propios a regiones u órdenes religiosas. Estos ritos y usos particulares se conservaron aún después de la fijación del rito romano por la bula Quo Primum tempore, debido a su antigüedad.

El rito romano sufrió muchos cambios, tanto que algunos consideran que el rito romano original ya no subsiste: lo que ahora existe sería una combinación del antiguo rito con adiciones galicanas, que se impuso en casi toda la Iglesia latina después del Concilio de Trento.[13][14]

Hasta 1970, el rito romano había permanecido sin mayores cambios desde el tiempo de San Gregorio Magno (siglo vi).[15] El Concilio Vaticano II (1962-1965) ordenó una revisión general de los libros litúrgicos, para lo cual se implementó una comisión (Consilium ad exsequendam constitutionem sacra liturgia) que durante los años siguientes llevó a cabo profundos cambios en la celebración de la misa, los sacramentos y el oficio divino. A pesar de la aprobación de las reformas al rito romano (la primera edición típica del misal romano tras la reforma fue publicada en 1970, y la actual (tercera) en 2002, durante el pontificado de Juan Pablo II), varias comunidades e individuos consideraban que esta reforma iba mucho más allá de lo pedido por el Concilio y daba lugar a una liturgia fabricada, al incluir creaciones nuevas y «artificiales» y desechando la tradición de crecimiento orgánico.

Lo que sucedió después del Concilio significa algo completamente diferente: en lugar de la liturgia fruto de un desarrollo continuo, se puso en marcha una liturgia fabricada. Hemos salido del proceso vivo de crecimiento y transformación para entrar en la fabricación. Ya no queríamos continuar el desarrollo orgánico y la maduración de lo vivo a través de los siglos, y los reemplazamos -a modo de producción técnica- por una fabricación, un producto banal del momento.
Joseph Ratzinger (luego Benedicto XVI). Prefacio a La Réforme Liturgique En Question en Klaus Gamber (1992).

En el periodo posterior a la reforma litúrgica, varias comunidades quisieron conservar los ritos antiguos, lo que en algunos casos llevó a enfrentamientos y oposiciones. La convivencia de la forma tradicional (última edición en el misal de 1962) junto con la forma reformada (última edición en el misal de 2002) fue finalmente establecida por el papa Benedicto XVI en su motu proprio Summorum Pontificum de 2007, con la coexistencia de la forma ordinaria (reformada) y la extraordinaria (tradicional) del rito romano, aunque en 2021 su sucesor Francisco impuso restricciones a la celebración de la última, con el motu proprio Traditionis custodes.

No hay ninguna contradicción entre una y otra edición del Missale Romanum. En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto.
Benedicto XVI. Carta que acompaña al motu proprio Summorum pontificum (2007).[16]

El rito ambrosiano es el rito litúrgico ordinario en la mayor parte de la archidiócesis de Milán y en algunas partes de diócesis cercanas en el norte de Italia y en Suiza. El rito mozárabe sigue celebrándose actualmente en muy pocos lugares y el uso del rito bracarense en la archidiócesis de Braga es solo facultativo. Las comunidades religiosas que tenían particulares ritos litúrgicos medievales (los dominicos, los carmelitas, los cartujos) en la práctica los abandonaron de manera general después del Concilio Vaticano II, pero algunas comunidades siguen usando hoy los antiguos ritos.

Otros ritos litúrgicos latinos son ya extintos, entre ellos el rito céltico, el africano y el galicano.[11] En su esencia, este último asemeja a los ritos orientales.[17]

Ritos litúrgicos de la Iglesia Latina
Misa de rito romano (forma tradicional)
Misa de rito romano (forma tradicional)  
Liturgia de la Pasión, rito romano (forma reformada)
Liturgia de la Pasión, rito romano (forma reformada)  
Misa de rito romano (forma reformada)
Misa de rito romano (forma reformada)  
Misa de rito ambrosiano (forma tradicional)
Misa de rito ambrosiano (forma tradicional)  
Misa de rito dominico
Misa de rito dominico  

Véase también

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Notas

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  1. ↑ La fundación de la Iglesia de Roma se ha atribuido tradicionalmente a estos dos apóstoles.[1][2]
  2. ↑ Aunque particularmente en contextos no católicos la totalidad de la Iglesia católica se denomina Iglesia católica romana (Ecclesia Catholica Romana), la Iglesia latina también se conoce con este nombre.[4][5][6] No obstante, «Iglesia de Roma» se refiere específicamente a la diócesis o incluso a la provincia eclesiástica de Roma.[3]

Referencias

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  1. 1 2 Ireneo de Lyon. (c. 180). Contra los Herejes, III, 3, 2-3. (P. Carlos Ignacio González, trad.). Conferencia del Episcopado Mexicano, 2000. «[...] como sería demasiado largo enumerar las sucesiones de todas las Iglesias en este volumen, indicaremos sobre todo las de las más antiguas y de todos conocidas, la de la Iglesia fundada y constituida en Roma por los dos gloriosísimos Apóstoles Pedro y Pablo, la que desde los Apóstoles conserva la Tradición y "la fe anunciada" (Rom 1,8) a los hombres por los sucesores de los Apóstoles que llegan hasta nosotros. [...] Es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con esta Iglesia, cuya fundación es la más garantizada [...]. Luego de haber fundado y edificado la Iglesia los beatos Apóstoles, entregaron el servicio del episcopado a Lino: a este Lino lo recuerda Pablo en sus cartas a Timoteo (2 Tim 4,21)».
  2. 1 2 Eusebio de Cesarea. (c. 324). Historia Eclesiástica, II, 25. Editorial CLIE. «Pues se cuenta que Pablo fue decapitado en la misma Roma, y Pedro, a su vez, fue crucificado [...]. También lo afirma, y no con menor certidumbre, un varón eclesiástico llamado Cayo, que vivió durante el obispado en Roma de Ceferino. Este Cayo, en una disputa escrita con Proclo, jefe de la secta de los Catafrigios [...] dice lo siguiente: "Pero yo puedo mostrar los trofeos de los apóstoles. Pues si deseas ir al Vaticano o al camino de Ostia, verás los trofeos de aquellos que fundaron esta iglesia" [...]».
  3. 1 2 3 4 Fortescue, Adrian. «Iglesia Latina». Enciclopedia Católica (Francisco Vázquez, trad.). Transcrito por Michael C. Tinkler. Consultado el 2-11-2022. «La expresión “Iglesia de Roma”, debe señalarse que, aunque aplicada comúnmente por los no-católicos al conjunto de los católicos, sólo puede usarse correctamente [...] para la diócesis local (o posiblemente la provincia) de Roma, [...] aunque, sin duda, por una ulterior extensión Iglesia Romana puede usarse como equivalente a Iglesia Latina [...]. Se deduce también que la expresión católico latino (o incluso romano) está bastante justificada, ya que expresamos por ella que no sólo somos católicos, sino también miembros del patriarcado latino o romano. Un católico de rito oriental por otra parte es un católico bizantino, o armenio o maronita...»
  4. ↑ «¿Sabías que la Iglesia católica está constituida por 24 Iglesias autónomas?». Aleteia. 8 de agosto de 2016. Consultado el 2 de noviembre de 2022. «La rama occidental está representada por la tradición latina de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Es llamada “occidental” debido a la localización geográfica de Roma, y no porque su presencia se restrinja a países de Occidente».
  5. 1 2 Remery, Michel. «¿Qué son las Iglesias Católicas Orientales? ¿Qué son los “ritos”?». Tuiteando con Dios. Consultado el 5 de noviembre de 2022. «Hay solamente una Iglesia Católica, dentro de la cual hay diversas iglesias. Todas ellas reconocen al Papa como su líder. La distinción más importante surgió como resultado de la división dentro del Imperio Romano. Esto condujo a una Iglesia Occidental con Roma como su centro: la Iglesia Católica Romana. Aparte de esto, hay varias iglesias católicas orientales».
  6. ↑ «Iglesias católicas». DatosMundial.com. Consultado el 5 de noviembre de 2022.
  7. ↑ Prensa, A. C. I. «El Papa Francisco vuelve a ser oficialmente Patriarca de Occidente». ACI Prensa. Consultado el 14 de abril de 2024.
  8. ↑ Juan 21:18-19
  9. 1 2 Lorieux, Claude (1 de febrero de 2002). Cristianos en tierras del Islam: Su vida, sus dificultades, sus esperanzas. Palabra. p. 36. ISBN 978-84-8239-618-7.
  10. 1 2 Binns, John (15 de marzo de 2010). Las iglesias cristianas ortodoxas. Ediciones AKAL. pp. 252-253. ISBN 978-84-460-2567-2.
  11. 1 2 Brunori, Pedro (2000). La iglesia católica: fundamentos, personas, instituciones. Ediciones Rialp, S.A. p. 59. ISBN 978-84-321-3308-4.
  12. ↑ Consejo Episcopal Latinoamericano (2006). Código de Derecho Canónico (edición bilingüe y anotada). Paulinas. p. 126. ISBN 978-958-625-620-9. Consultado el 5 de noviembre de 2022.
  13. ↑ Fortescue, Adrian (2012). The Sacred Writings of The Early Liturgies (Annotated Edition) (en inglés). Jazzybee Verlag. ISBN 978-3-8496-2129-2. Consultado el 5 de noviembre de 2022.
  14. ↑ Fortescue, Adrian. «Liturgia». Enciclopedia Católica (Francisco Vázquez, trad.). Transcrito por Douglas J. Potter. Consultado el 2-11-2022.
  15. ↑ Bogle, James. «The movement for the Latin Mass is about far more than nostalgia». Catholic Herald.
  16. ↑ «CARTA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS OBISPOS QUE ACOMPAÑA LA CARTA APOSTÓLICA "MOTU PROPRIO DATA" SUMMORUM PONTIFICUM SOBRE EL USO DE LA LITURGIA ROMANA ANTERIOR A LA REFORMA EFECTUADA EN 1970».
  17. ↑ Stefon, Matt (15 de agosto de 2011). Christianity: History, Belief, and Practice (en inglés). The Rosen Publishing Group, Inc. p. 139. ISBN 978-1-61530-493-6.

Bibliografía

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